jueves, 4 de febrero de 2016

Una Mochila Diferente - Sentirse refugiado/a


Durante las navidades, leía un artículo de Francesc Mateu, (coordinador del proyecto de Intermon Oxfam para las personas refugiadas), en el que nos daba varías “pistas” para tratar el tema del éxodo refugiado en las cenas de navidad. Uno a uno iba desmontando los mitos y tópicos que desde hace meses hemos estado oyendo a amistades y opinólogos, pero también a personalidades políticas y medios de comunicación que no ofrecen una información veraz y rigurosa sobre esta drama humanitario como debería de ser su cometido.

A las personas adultas se nos “presupone” la capacidad y madurez de indagar y seleccionar la información a través de fuentes fiables que nos ofrezcan un relato que se ajuste lo más posible a la realidad, pero, ¿ qué pasa con nuestros jóvenes? ¿qué les contamos a los niños y niñas sobre lo que está pasando?. Y lo más importante…, ¿estamos los y las docentes lo suficiente informados y sensibilizados sobre el tema como para poder transmitirles los valores que contribuyan a desarrollar un pensamiento crítico, con enfoque en los Derechos Humanos?

Afortunadamente, muchas de las respuestas las encontramos en la Educación para el Desarrollo que nos ofrece algunas claves que permitirán tratar en nuestros centros educativos la cuestión del éxodo refugiado, pero también muchas otras, no como algo puntual, sino como un proceso educativo encaminado a favorecer una cultura de la solidaridad y promover una ciudadanía global:

·      Escuchar lo que nos preguntan, lo que han oído, lo que saben, pero también lo que quieren saber. Los niños/as deben conocer la realidad que se vive en otros países de continuo y no solamente hablar de noticias de calado internacional. Para ello se deben crear espacios de diálogo tanto en la escuela como en la familia, bien respondiendo a preguntas que ellos hacen o bien abordando el tema acorde a cada edad. Y hablar de las fortalezas y las capacidades de las personas para superar las adversidades.

·      Buscar la empatía. La empatía no se basa en la caridad. No es el “nosotros somos afortunados y ellos no”. Tampoco es algo que se pueda imponer. La empatía supone desarrollar la capacidad de ponernos en el lugar del otro/a sin perder la perspectiva de que no somos el otro. Los cuentos,  relatos o las historias familiares del pasado que acerquen a los niños y las niñas a lo que sucedió en el país no hace tanto.  Trabajar la inteligencia emocional. Hablar de lo que pasa en el mundo y conocer lo que otras personas sufren para ser capaces de sentirlo, al menos en parte.

·      Conocer, empatizar para actuar. La transformación social es el fin último de la Educación para el Desarrollo. Es necesario que los niños y niñas comprendan; pero sobre todo, las personas adultas; que siempre podemos hacer algo por aliviar el sufrimiento de otra persona, aunque no lleguemos a todos ni a todo. Debemos educar en una actitud que genere acciones emotivas, creativas y responsables que contribuyan a lograr sociedades más inclusivas.

 El pasado día 10 de Diciembre del ya pasado año, se celebró en Oviedo (Asturias), el Día de los Derechos Humanos. Todas las personas que allí se reunieron tenían claro que esta fecha tenía muy poco de celebración y mucho de reivindicación para garantizar las libertades fundamentales y proteger los derechos humanos de todas las personas refugiadas.

Cartel Día Derechos Humanos
Como no podía ser de otra manera, la actividad giraba en torno a un improvisado “campo de refugiados” en la ciudad. Varias Ongd con amplia trayectoria en Ayuda Humanitaria y en la inclusión desde hace décadas de las personas refugiadas en nuestra región, mostraron cada uno de los terribles pasos del éxodo que obliga a millones de personas a huir por motivos de persecución hacia un lugar seguro.
 El objetivo de la actividad era el de acercar este drama humanitario a nuestra sociedad y en concreto a la población escolar, desarrollando la empatía hacia la persona refugiada.

Varios grupos de escolares pudieron comprobar de primera mano un “simulacro” de las distintas situaciones que viven en la actualidad las personas refugiadas de Siria, pero también de Eritrea, Irak, Somalia, Chad o el Sahara donde Asturias desarrolla un vínculo especial desde hace décadas. Se trabajó la empatía a través del arte, la música, los juegos, el audiovisual, y otras actividades que profundizasen en los sentimientos de las personas que sufren y cómo aliviarlos.
Simulacro Campo de Refugiados

Niños/as en una Haima Saharui


Otra de las actividades que se están relizando en centros educativos asturianos lleva por título  "Una mochila diferente, sentirse refugiado/a" con el objetivo de sensibilizar a alumnado, profesorado y familias sobre esta situación a través de la empatía y poniendo los sentimientos en común con distintas cuestiones planteadas: " ¿qué sentirías si de una día para otro tuvieses que abandonar tu casa por estar perseguido por motivo de una guerra, tu religión, el color de tu piel, etc?. Acompañándolo de relatos del pasado sobre las personas refugiadas españolas en la guerra civil contadas por sus familias, o a través de objetos valiosos materiales y sentimentales que se llevarían si tuviesen un minuto para huir y una mochila que transportar hacia un futuro incierto.
Alumnado de CP San Félix de Candás durante la actividad
Una niña muestra su álbum de fotos familiar como objeto valioso
Alumnado del CPR Guimarán con sus objetos valiosos
Esta iniciativa de la Agencia Asturiana de Cooperación, La Federación Asturiana de Concejos, y ayuntamientos comprometidos como el de Castrillón (Asturias),  es un buen ejemplo de lo anteriormente descrito y un punto de partida que puede contribuir al fortalecimiento de las capacidades de nuestra Comunidad Educativa en la promoción de una ciudadanía global, crítica, responsable y comprometida con un desarrollo humano y sostenible que incluye el cumplimiento pleno de los Derechos Humanos de todas las personas.




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