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lunes, 11 de enero de 2016

Perfectamente real

Algo completamente inverosímil pero perfectamente real.
En un planeta agitado por una corriente cálida que removía los colores del climatógrafo y los equilibrios del climaterio, una niña trasnochaba debajo de la manta. A veces sentía calor, a veces frío. 
Hacía tiempo que la última de sus amigas había cerrado el chat en su red social. Como no podía dormir, admiraba los efectos del cambio climático sobre la superficie combada del planeta, a través de una aplicación recomendada por la profesora de Ciencias Naturales. Earth: an animated map of global weather conditions.




Podría haberse levantado a describir en una hoja de papel su propuesta de medidas contra el sobrecalentamiento global. Pero habría tenido que encender la luz y, en consecuencia, añadir otra pincelada roja a la imagen sincronizada real-time. Prefirió cerrar los ojos, mientras imaginaba humanos dotados de branquias con las que respirar bajo el nivel creciente de las aguas marinas. Tuvo la extraña certeza de que su pueblo estaba, ahora, debajo del mar. 
Previno mentalmente un encuentro con Bob Esponja y Calamardo en el próximo atolón inundado por la irracionalidad de esos alienígenas, que pueden ver lo que está pasando en cualquier parte de su mundo, pero no pueden intervenir modificando su destino.
En vez de sumergirse, como una selkie sin amarras, en las profundidades de aquel sueño, tocó suelo. Vislumbró las huellas de unos pies parecidos a los suyos sobre el fondo arenoso, un poco lodoso, de la plataforma continental, que debería haberlas borrado y asimilado. 
Volvió a cerrar los ojos durante unos segundos. Cuando los abrió, seguían ahí.
Las huellas se multiplicaron por dos, por diez, por cien. Anunciaban a niñas o niños desde la talla 21 a la 41. Criaturas con los dedos largos o cortos, separados o muy juntos, graves o ligeras, de todos los colores del climatógrafo, muchos años antes del climaterio, hasta que se reunieron en medio de una explanada.
Le miraban con ojos encajados en sus órbitas, rostros de perfiles un poco borrosos y cabello ondeando al ritmo de la corriente, a varias decenas de metros bajo la superficie de un mar agitado. 
Ariadna era muy miedosa. 
Tendría que haber sentido un escalofrío, los pelos de punta, el desmayo. No fue así.
Otra niña de ojos verdes la cogió de la mano, mientras los demás le iban saludando, cada uno a su manera: un guiño, una carantoña, el inicio de un baile, el signo de victoria, una mirada melancólica, gestos amigables y algunos burlones, amenazadores, que se reían cuando cambiaba el paso o se apartaba a un lado.
Escuchaba sus voces en distintas lenguas, la mayoría en árabe, algunas en inglés.
- ابتسامة، أنت في منزلك 
Sonrió. Estaba en su casa.
- Take it easy.
Sí, era fácil.
Le sorprendió entenderlas todas, como si fuera la torre de Babel. Lo pensó mejor: en la plaza de Babel, antes que se construyera la torre, antes que hubiera ejércitos ni fronteras.
- ¿Qué hacéis aquí?
- ¿Tú que crees?
La niña de ojos verdes los tenía ahora negros y sombreados por unas ojeras que hablaban de largas vigilias y jornadas de hambre.
- No sé. ¿Sois zombis?
- Nos ahogamos.
- ¿Nos ahogamos?
- Ya lo sabes. No podemos cruzar el mar en un ferry, ni volar en avión, sin un visado sobre la última página del pasaporte. Nunca nos dejarían entrar por las buenas. Tenemos que intentarlo…
- Y yo, ¿quién soy?
- No sé. Supongo que una djinn.
- ¿Qué es eso?
- الجني
- ¿Pixie?
- Te falla el traductor simultáneo.
- Sí, je, je… A veces me siento distinta al resto, como si estuviera mal programada. Una mujer androide.
“En las tradiciones más antiguas, los genios eran los espíritus de pueblos desaparecidos, que actuaban de noche y se escondían al despuntar el día. Otras tradiciones dicen que son seres de fuego. En todos los casos se trata de seres con características de duendes y otros seres mitológicos elementales de la naturaleza, que pueden, según su talante, atacar o ayudar al ser humano” ("Genio", Wikipedia).
- Un espíritu trasnochador.
- Puede ser… 
- ¿Para qué estoy aquí?
- Para ayudarnos.
Se sentaron en el suelo húmedo y frío de la explanada. Muy cerca de ellas se levantaban tiendas de campaña y sombrajos que ocultaban lo que había detrás. Una brisa gélida de amanecer acarició su piel. Ahora sí que le recorrió un largo escalofrío, desde la planta del pie descalzo hasta la punta del pelo revuelto.
Volvió a ponerse de pie para otear. Descubrió montones de escombros ennegrecidos por el fuego entre hileras de casas de tres o cuatro pisos. Muchas amenazaban ruina. Se apoyaban las unas en las otras en calles estrechas, de modo que la caída de una auguraba el desplome de la siguiente.
- ¿Estáis encerrados? Me recuerda al ghetto de Varsovia.
- Esto es Yarmuk, un campo de refugiados palestinos. Era, antes que lo bombardearan.
-¿Qué me dices?
- Me llamo Shatila. Estás conociendo mi historia. Lo necesitas si quieres ayudarnos y liberarte.
- No tengo que librarme de nada. Estoy soñando bajo la manta de mi cama.
- ¿Seguro?
- Creo que sí.
- Sueñas que vuelves a ser niña. Sueñas que puedes cambiar el mundo.
Cerró los ojos durante unos segundos. Quería despertar.
Cuando volvió a abrirlos, su amiga todavía estaba allí.


martes, 5 de enero de 2016

Conocer la historia de emigrantes y refugiados a partir de la literatura infantil y juvenil

Los niños y niñas no son ajenos al mundo que les rodea; también ven y oyen las desgracias que sufren las personas refugiadas. La escuela no puede estar desvinculada de la vida y, por tanto, también debe abordar estas problemáticas en sus aulas. Para ello proponemos una selección de álbumes ilustrados con calidad estética y literaria. Porque la LIJ (literatura infantil y juvenil) tiene joyas que merece la pena ir descubriendo y que se atreven a tratar temáticas muy distintas. En este caso, las propuestas que dejamos a continuación, cuentan historias de emigrantes y también de refugiados. Ilustraciones y texto se entremezclan para trasladarnos a la vida de estos personajes y empatizar con ellos. Porque el alumnado merece conocer la verdad y poder comprometerse con la mejora y la transformación de la sociedad; una de las pocas formas de que en el futuro las cosas cambien.

Me llamo Yoon: Helen Recorvits escribe esta historia con las magníficas ilustraciones de Gabi Swiatkowska. En ella una niña llamada Yoon ha tenido que emigrar de Corea junto con su familia. En este álbum ilustrado Yoon narra en primera persona sus vivencias en la escuela de su nuevo país; lejos de su casa. Todo el proceso de adaptación al nuevo colegio con sus compañeros y la nueva maestra es descrito con la mirada de una niña, acercándonos sus sentimientos y miedos. Se trata, sin duda, de un relato muy tierno en el que el alumnado puede entender cómo se sienten las personas que han sido desplazadas de su hogar y las dificultades que tienen que afrontar hasta sentirse parte del país que les acoge. Es un buen libro para trabajar la empatía en el alumnado, y para que comprendan a los niños y niñas que llegan a nuestras aulas porque sus familias se vieron forzadas a abandonar su tierra natal.

Migrar: este es un libro de José Manuel Mateo y Javier Martínez Pedro en el que un niño indígena Mexicano nos cuenta su historia cuando tiene que marchar junto con su familia hacia Estados Unidos. Sin alternativas, la realidad les obliga a buscar una vida mejor en otro lugar. Es un libro que puede sacudir muchas conciencias y que a su vez puede ayudar a que los niños y niñas comprendan la dureza de emprender un viaje plagado de peligros porque no hay más remedio. El estilo ilustrativo es tradicional de los indígenas de Xalitla, de forma continua y en papel amate doblado a modo de biombo. Imprescindible para concienciar y sensibilizar.

Emigrantes: esta obra de Shaun Tan es sencillamente espectacular. No tiene texto, pero sus exquisitas ilustraciones tienen un poder narrativo fuera de lo común. A través de las páginas de este libro vivimos la historia de un padre que debe emigrar dejando a su familia y vemos todas las dificultades que encuentra en su camino; el desamparo ante lo extraño y desconocido, la soledad, etc. En el transcurso de esta historia se entrelazan otras de personas que también tuvieron que dejar su hogar. Sin necesidad de texto, las imágenes hablan solas y albergan una carga emocional en ellas muy potente, sacudiéndonos con las historias de sus personajes. Emigrantes que, sea cual sea su causa (pobreza, violencia...), no pierden la esperanza y tratan de rehacer sus vidas.

El diario de las cajas de fósforos: se trata de un libro álbum escrito por Paul Fleichman e ilustrado por Bagram Ibatoulline. "Elige el objeto que más te guste y luego te contaré su historia", y así es como una niña escoge una caja llena de cajas de fósforos para que su bisabuelo le explique cariñosamente su significado. Cada caja de fósforos alberga un recuerdo, un fragmento de la historia del bisabuelo y el viaje que tuvo que hacer cuando era niño. Aún sin saber leer ni escribir, las cajas de fósforos son un auténtico diario que cuenta la vida de un niño que tuvo que marcharse de Italia hacia América en busca de una vida mejor, de un futuro. Esta gran historia, perfectamente acompañada por unas ilustraciones realistas que cuidan el más mínimo detalle, nos lleva a imaginar la crudeza de las penurias de la pobreza, el hambre, etc. Perfecto para trabajar con los niños y niñas y para conocer la situación de miseria que viven algunas familias cuando toman la difícil decisión de dejarlo todo atrás con la esperanza de encontrar algo mejor.

La llave: en este álbum ilustrado, de la mano de Angèle Delaunois y Christine Delezenne, descubrimos la historia de una familia que vive feliz en su hogar hasta que la desgracia de la guerra les obliga a marcharse. Sus personajes se ven desplazados y buscan cobijo en campos de refugiados; pero guardan una llave, símbolo del hogar, la melancolía, el recuerdo y la esperanza de volver algún día a casa. Como veis, este libro álbum aborda directamente el tema de los refugiados, pues bien podría ser la historia de cualquiera de esas familias que huyen cada día de las zonas en conflicto.

Noche de reyes: este libro de Joan de Déu Prats, que también tiene su versión en Catalán Nit de reis, está descatalogado. Aún así me he decidido a ponerlo porque es un buen álbum ilustrado que merece la pena trabajar si lo encontráis en alguna biblioteca. Cuenta la historia del bueno del Rey Baltasar que, para llevar su regalo y hacer feliz a un niño, se topa con un sinfín de dificultades. Control de fronteras salvaje, alambradas, policías y otros muchos problemas complicarán la historia del pobre Rey Baltasar. Ni siquiera él puede escapar de un mundo incomprensible que rechaza a inmigrantes y refugiados.