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martes, 4 de octubre de 2016

miércoles, 4 de mayo de 2016

Una mirada a los niños refugiados a través de la Red




Los refugiados que logran llegar a Europa desde Siria se hacinan y buscan un pequeño espacio para la  privacidad y la supervivencia en los campos de Alemania y Bulgaria. Muchos han viajado con sus hijos, niños y adolescentes de diversas edades que han caminado miles de kilómetros huyendo de la guerra. Como los que han quedado atrás, en Turquía o en Siria, llevan seis años sin derecho a la educación. En los campos solo encuentran, en el mejor de los casos, escuelas improvisadas y psicólogos que trabajan con ellos para ayudarles a superar el trauma vivido. Ellos solo quieren que la guerra termine y las bombas dejen de caer sobre su pueblo para volver a casa. Sus padres, que saben que eso que llaman casa quizás ya no existe, tienen un único objetivo: los papeles que les convertirán en refugiados legales.

Otros tienen peor suerte. Como cuenta la periodista Corina Tulbure a aulaPlaneta, el panorama en Turquía, cerca de la frontera con Siria, es desolador. Allí los campos están desbordados y muchos niños no tienen donde malvivir ni, en muchos casos, familia que se ocupe de ellos. Deambulan, mendigan, trabajan. “En las ciudades cercanas a la frontera hay muchos niños en la calle, abandonados, los padres han muerto en la guerra”, describe la periodista. Algunos son atendidos por grupos de educadores o psicólogos que utilizan canciones, dibujos y manualidades como terapia para que superen todo lo que han vivido. “Hay que tener en cuenta que muchos de los niños refugiados llevan un trauma en la mochila, con lo cual la educación debe implicar la rehabilitación. No tiene sentido hacerlo de otra forma”, apunta Corina.


El teléfono y las nuevas tecnologías, como tabla de salvación

Para un niño que acude a clase en una ciudad tranquila, limpia, ordenada y en paz resulta difícil imaginarse cómo será vivir así, qué pensarán o sentirán esos pequeños sirios cuya vida se ha vuelto del revés. Sin embargo, hay una herramienta que ambos comparten y que puede ayudarles: la tecnología.

Si hay un elemento cotidiano que los refugiados tienen en común, aunque más en Alemania y Bulgaria que en Turquía, donde la pobreza lo complica todo, ese es el móvil. De hecho, el propio gobierno alemán ha lanzado Ankommen (“llegada”), una app para dispositivos móviles especialmente pensada para ayudar a los refugiados en sus primeras semanas en el país, con una introducción y ejercicios para aprender alemán, información sobre la sociedad y la forma de vida, el proceso de acogida y cómo encontrar un empleo o realizar formación laboral.

Pero, sobre todo, a través del teléfono y la conexión a la Red, los refugiados pueden mantenerse en contacto durante la ruta por Europa, olvidarse del sufrimiento y reconfortarse con sus recuerdos. Los adultos se aferran al móvil, se adentran en las redes sociales, envían mensajes a amigos y familiares y repasan las fotografías de su tierra natal, de quienes se quedaron allí, de sus negocios o sus casas. También los comparten con los pequeños, les ponen canciones en árabe o videos de la familia. La tecnología e Internet se han convertido así en un instrumento terapéutico, una ventana al mundo que dejaron, que les recuerda lo que son: personas, familias, niños que solo quieren un hogar.

Recursos para trabajar el tema de los refugiados en clase

Esta misma tecnología que funciona como puente de unión y válvula de escape entre los refugiados puede servir también a los docentes para ayudar a sus alumnos a asomarse a la situación de los niños sirios. Hay materiales digitales online muy interesantes, realizados con cariño y rigor, que pueden ayudar a tratar en clase este tema, abrir los ojos a los estudiantes ante un drama en el que todos debemos implicarnos y evitar así que esos pequeños y sus familias queden en el olvido. Desde aulaPlaneta, recomendamos los siguientes enlaces, que pueden utilizarse en el aula con niños de distintas edades.

  • En sus zapatos. Minisite adecuado para tercer ciclo de Primaria y Secundaria en el que se relatan las historias personales de los refugiados y se anima al usuario a que se ponga en sus zapatos para comprenderles.

  • Unidad didáctica 'La pequeña Carlota'. Recomendado para hablar con los niños y las niñas de 5 a 8 años sobre el exilio, incluye un cuento en PDF, un video de dibujos animados, un cuaderno de ejercicios y unas notas a modo de manual de ayuda al profesorado.

  • El juego del asilo. Desarrollado por Unicef, este juego de tablero interactivo identifica a los participantes con personas de distintos países que tienen que huir de sus casas por la guerra, una catástrofe natural, la persecución religiosa y la discriminación étnica y tratan de llegar al país de asilo. Ayuda a reflexionar a niños de cualquier edad sobre las dificultades y los peligros con los que se encuentran los refugiados.

  • Es hora de huir. Propuesta para Secundaria y Bachillerato que sensibiliza a los alumnos sobre el drama de las personas refugiadas. Incluye textos introductorios y una dinámica de trabajo en grupo en la que los estudiantes deben imaginar su propia huida de un país en guerra.

  • Derechos humanos de las personas en movimiento. Unidad didáctica online sobre refugio, inmigración y asilo, incluye una guía para el profesorado y una selección de actividades para Primaria, Secundaria y Bachillerato y educación de personas adultas.


Con esta selección de recursos, desde aulaPlaneta queremos prestar nuestra voz a los niños de Siria y sumarnos a todos los maestros que animáis cada día a vuestros alumnos a descubrir el mundo y comprometerse para cambiarlo y construir un futuro mejor. 

Imágenes: Wikipedia / DFID - UK Department for International Development

jueves, 17 de marzo de 2016

¿Qué significa ser un niño refugiado?

Haciendo un ejercicio de empatía, tal y como nos recomienda Paula Herreras en su post, he llegado a la conclusión de que ser un niño refugiado conlleva perder muchas cosas que ningún niño en el mundo debería perder. La fórmula es fácil:
Niño refugiado = Niño robado

A un niño refugiado le roban muchas letras que no deberían faltar en el abecedario de su vida:

Recuerdos - Raíces
Esperanza - Entusiasmo
Familia - Felicidad
Unicidad
Generación
Infancia
Amor - Abrazos
Derechos
Oportunidades
Sueños - Salud

¿Podemos permanecer impasibles ante este crimen tan atroz? La respuesta es evidente, ¡NO! 
Si pensamos unos minutos lo que significa cada una de esas palabras robadas a los niños refugiados, nos daremos cuenta de que lo significan todo, son palabras que nos dan vida, nos dan esperanza, fuerza y bienestar. 

Les roban la R, la E, la F, la U, la G, la I, la A, la D, la O y la S.


La infancia es una etapa de la vida en la que los niños confían en los adultos, se sorprenden con todo, aprenden, se ilusionan, viven con gran pasión e intensidad, juegan, ríen, formulan las preguntas más importantes y profundas, son sensibles, se asombran, admiran, son curiosos... 

La infancia es el presente que garantiza el futuro; futuro arrebatado sin piedad de las manos de estos niños inocentes. Futuro arrebatado al mundo, porque los niños son una necesidad social, el oxígeno vital de una población cada vez más envejecida. 

La infancia deja escritos en los corazones de los niños que perdurarán para siempre. ¿Qué escritos quedan en los corazones de los niños refugiados?

Hay tantas preguntas a las que no encuentro respuesta: ¿cómo puede alguien no detenerse ante el llanto de un niño? ¡Ante el llanto de millones del niños! El mundo debe pararse, mirarse de arriba abajo y actuar ya. Darse cuenta de que los niños son la esperanza de la humanidad y que por ese motivo hay que protegerlos, darles calor y seguridad.

Suelo decirle a mis alumnos que todos tenemos una gran responsabilidad social y que debemos realizar acciones en favor del mundo. Este mensaje es muy importante, pero en ocasiones muy difícil de transmitir cuando acaban de ver como un país pone alambradas con pinchos para que niños que huyen de la guerra con sus familias no pueden acceder a él. Esa fue la reflexión de un alumno mío de 8 años después ver el vídeo recomendado por Ana Municio en este blog: "No entiendo porque ponen alambradas". Intenté responderle de alguna manera, aunque finalmente respondí con el corazón: "Yo tampoco lo entiendo". En ese momento hubo un momento de silencio de toda la clase y ojos llorosos que me hicieron ver que no todo está perdido. Fue un momento mágico y esperanzador. ¡Gracias niños!

Vivimos en un mundo que ha convertido a los niños las víctimas silenciosas de sus guerras. Víctimas que ven como a su alrededor las sonrisas han dado paso a los llantos y a la perdida de familiares y amigos. Víctimas que ven como las casas se destruyen, como los colegios se vacían, como las sirenas se convierten en la melodía de su transcurrir, como el arcoíris, que era tan bello por su policromía, se vuelve negro.

Gracias a todos los que os habéis embarcado en este maravilloso proyecto para luchar y devolver a los niños refugiados sus sonrisas de esperanza y el arcoíris. ¡Sois increíbles!

lunes, 15 de febrero de 2016

Las emociones de los niños de Siria, el DIY y la Realidad Virtual

Desde este espacio que me habéis cedido quiero agradeceros que me hayáis invitado a explicar mi experiencia y visión sobre el gran problema que representa para los niños de todo el mundo los conflictos de los adultos y cómo lo padecemos todos pero en particular los niños y niñas.

En mi centro hay niños de todo el mundo, excepto, que yo sepa de Australia. Niños y niñas con sus vivencias directas, las experiencias heredadas en su imaginario del sufrimiento de sus padres en la huida por el peligro inminente o el de desplazamiento por motivos económicos.

En diversos centros he conocido niños y niñas que han visto matar en su país de origen, me han referido niños que han venido en el chasis de un Trailer, niños que han venido en pateras... Sé de niños que su familia huyó en el último momento de ser capturados por ideas ideológicas o étnicas.

He conocido de la vivencia directa e implicación personal en su defensa, por un íntimo amigo, de las matanzas étnicas africanas.

Toda mi experiencia y relación personal con las traumáticas vivencias de esos niños, pero también adultos, solo es superada por la de mis padres que debieron sufrir en su infancia durante la guerra civil española.

Yo puedo sentir empáticamente lo mismo que ellos pero me faltan grados de su realidad no me pueden traspasar. Mi cerebro los entiende, se pone en su lugar, los comprende y puede llegar a soñar con sus experiencias pero no lo ha vivido.

Soy un apasionado de la mente (soy fisicalista, no dualista) y siempre he investigado sobre todo aquello que afecta, modifica y emerge de nuestros estados mentales, de nuestro cerebro.

Por esa misma razón, participé en experiencias de Realidad Virtual en el Laboratorio de RV de Psicología de la Universidad de Barcelona.

Ahora he descubierto una gran herramienta didáctica DIY, son las Google CardBoard de Realidad Virtual, tenéis una revisión de posibilidades educativas en mi blog donde lo podéis consultar.

Me entusiasmó las ideas que se podían desarrollar en clase con las gafas. Las pedí en AliExpress y aquí tenéis el Unboxing DIY de las Google Cardboad que es super fácil.

Y aquí llegamos a cómo podemos sentir lo mismo que los niños que han vivido la experiencia del desplazamiento de su territorio, de su cultura, de su casa, de su escuela... incluso en ocasiones de sus padres.  

Con las gafas, un smartphone y unos auriculares tenemos la experiencia más vívida y próxima a estar en un campamento de personas y niños desplazados. Cómo viven, cómo estudian, a qué juegan... y todo desde dentro, interactuando visualmente con ellos, solo nos falta, el olor y el tacto... todo llegará.

La aplicación que podemos usar para obtener la inmersión en la realidad de esos niños es VRSE. Concretamente utilizaremos un vídeo de personas desplazadas. Aquí tenéis la versión web, pero es infinitamente más real la que utilizaremos en la GoogleCardBoard y el Smartphone.

Pero hay otros vídeos como éste y del campamento para sirios, este otro.

Imaginaros todos los recursos que nos proporcionan estos vídeos y otros de 360º para la educación. Imaginaros crear un taller con nuestros alumnos con la filosofía Maker del DIY y que todos nos construyamos esas gafas. Imaginaros que utilizamos Smartphones que el AMPA nos proporcionan porque ya no utilizan los padres para tenerlos en clase y visionar las experiencias inmersivas...

Las posibilidades son infinitas pero lo que más me ilusiona es ver las caras de los niños al sentir las emociones de los otros.

He de decir que si el centro está ubicado en una comunidad socioeconómica precaria... no habrán muchos smartphones funcionales que donen los padres... no se lo pueden permitir.

Sin embargo, el valor de la reutilización de tecnologías descatalogadas (móviles, tablets, ordenadores antiguos en los que instalemos software Linux para equipos antiguos...) estará presente en este proyecto. Igual que la idea de utilizar cartones para diseñar las gafas... Lo más difícil es encontrar los oculares... ¿Alguna idea que no sea comprarlos? Hay proyectos para construirlos mediante plásticos y agua pero no son muy viables en un proyecto de esta envergadura... creo.

Espero que os sirva como ideas para trabajar las emociones y las experiencias de las poblaciones desplazadas, como es el caso de los niños de Siria.

Félix Eroles

viernes, 5 de febrero de 2016

Los Nadies - Eduardo Galeano


Precioso corto realizado para la ONG África Directo con la voz de Eduardo Galeano. Para reflexionar sobre lo que está ocurriendo. Para hacerse muchas preguntas. Para preguntarse cuánto vale realmente la vida de estos niños refugiados y de otros tantos niños en el mundo. Para alzar la voz y no quedarse impasible ante lo que está ocurriendo.
Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos,
sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies,
que cuestan menos
que la bala que los mata.

martes, 2 de febrero de 2016

10.000

10.000 es un número, un número redondo, una cifra que en sí misma no nos dice casi nada. Pero cuando esa cifra va acompañada de palabras para formar el titular de un periódico, se convierte en algo más que un número:

EUROPOL DENUNCIA LA DESAPARICIÓN DE DIEZ MIL NIÑOS REFUGIADOS


10.000 ahora ya no es una cifra, es una tragedia. Ahora ya no es un número, son seres humanos, son niños. Son vidas destrozadas, son sueños desvanecidos, son esperanzas rotas...
Credit: ACNUR Américas
Los seres humanos somos capaces de las cosas más maravillosas, pero también de las más atroces. Que existan personas que se aprovechen de la indefensión de los menores, los retengan, los secuestren para esclavizarlos, prostituirlos, robarle sus órganos..., para aprovecharse indignamente de ellos, es una barbaridad que la humanidad no puede, ni debe, permitirse. Tenemos que abrir los ojos ante la injusticia y alzar nuestra voz.

En Educar contra la indiferencia escribí: “La educación que impartimos en nuestras escuelas es cómplice de la ceguera moral de la sociedad. Por eso, necesitamos una educación que no levante barreras, una educación que ayude a construir la identidad (individual y social) de los jóvenes. Para ello es necesario que la educación deje de lado la transmisión de contenidos de usar y tirar, que deje de considerar a los alumnos como "consumidores" de la educación y se centre en aquello que les permita ser autónomos, participantes activos de su aprendizaje.

La educación debe recuperar la transmisión de valores que hace que las personas tengamos un perfil moral que nos permita ser conscientes del sufrimiento de los demás y no vivirlo como si se tratara de una realidad virtual que no nos atañe. Ser sensibles al sufrimiento de los demás nos da la posibilidad de actuar contra aquellos que lo causa.”
 

La educación es siempre un acto de generosidad, de acogida. ¡Que la educación se convierta en el arma capaz de luchar contra la barbarie de aquellos que no merecen la etiqueta de seres humanos!

miércoles, 13 de enero de 2016

Desarraigo

Bryan tenía solo 7 años. Su familia vivía en una casa humilde en Perú, en un pueblecito escondido en el departamento de Arequipa. Desde siempre había visto cómo sus abuelos y sus padres se levantaban temprano y, a la salida del sol, se iban a trabajar al campo.

Al mismo tiempo Bryan tomaba junto con su hermana María y sus amigos Javier y Marcos el camino a la escuela, no era fácil, tenían que recorrer andando cuatro kilómetros por caminos de tierra y piedra, pero iba contento, le encantaba su escuela, un pequeño edificio casi aislado y rodeado de árboles, con bancos alineados por parejas y donde se reunían todos los niños de las aldeas vecinas.

Su Maestro era D. Raimundo. Bryan tenía tres hermanas mayores que él, solo María le acompañaba por las mañanas a la escuela, las otras dos hermanas se quedaban en la casa haciendo tareas para la familia. Al regresar a casa se entretenía un rato jugando en la calle con los amigos y, a veces, se juntaban en la casa de alguno de ellos y veían sus programas favoritos de televisión. Estas eran sus rutinas y su vida.

Una mañana, más temprano de lo habitual, su padre le llamó : -“Bryan levántate, te vas con mamá de viaje”. El pequeño no entendía nada. En menos de una hora iba camino de Arequipa en el carro conducido por su padre, al lado su madre y él atrás con las dos maletas. Unos ojos asombrados retenían en su retina los paisajes de su infancia, descubrían los edificios de Arequipa, el impresionante Masti… el aeropuerto con aviones que volaban de verdad… y en unas horas todo ese mundo desapareció.

Tras un largo viaje aterrizaron en Madrid y de aquí en autobús hacia Sevilla. Bryan no entendía nada, había abandonado su vida, sus sueños, sus amigos, su escuela, no sabía lo que le pasaba, pero lloraba. Su frágil corazón preguntaba a su madre por qué vinieron tan lejos y solos. La madre le contestaba que para encontrar una vida mejor. En el piso convivían con dos familias más y compartían baño y cocina. Desde las ventanas no se veían los árboles, no se escuchaban los pájaros, ¡Se asfixiaba! Pero era tan pequeño que solo podía entender esto con lágrimas.
Recuerdo que llegó a la escuela medio escondido detrás de las faldas de la madre. Subimos a la clase y lo presentamos a los compañeros. Su mamá también entró a conocer a sus nuevos amigos y les contó de dónde venían. Todos le preguntaban, todos querían ser su compañero de mesa, todos querían tenerlo en su grupo. Bryan, a pesar del miedo, mostró una breve sonrisa.
Han pasado algunos años, Bryan, un niño resiliente donde los haya, terminó la primaria con nosotros y pasó al instituto hasta cuarto de ESO. Al tercer año de estar en Sevilla, solo con su madre, se vino el padre con la hermana pequeña. Hace unos días me llegó una carta de Bryan, me decía que habían regresado a su casa en la aldea, que el sueño de alcanzar un mundo mejor no había sido posible.
Estimado maestro: 

Al final regresamos a Perú. El sueño de alcanzar un mundo mejor no ha sido posible. Como sabrá mi madre estuvo limpiando casas y haciendo todos los trabajos que encontraba, guardando cada céntimo, hasta que pudo traer a mi papá y a mi hermana María. Nunca pudimos dejar el piso que compartíamos, pero al menos pudimos coger dos habitaciones y el espacio no era demasiado pequeño.

Mis padres seguían levantándose temprano, como en la aldea cuando iban al campo, buscando la oportunidad de un trabajo que apenas nos daba para sobrevivir. Así hemos estado casi diez años, otra vida. A finales de septiembre del año pasado mis papás decidieron tomar los pocos ahorros que tenían y comprar los billetes de vuelta a casa, ¿qué casa?

La vista del Masti, la vuelta a Arequipa, el trayecto en el todoterreno, lo viví envuelto en lágrimas, no entendía nada, a pesar de mis casi 17 años. Mi padre delante justo al lado del chófer, mi madre, mi hermana y yo atrás, todos callados, sin decir nada. A lo lejos empecé a ver los caminos por donde andaba de pequeño y chapoteaba entre los charcos, comencé a oler a tierra mojada, a sentir los árboles movidos por el viento, me dio un pinchazo en el corazón.

Entre sollozos me abracé a mi madre como cuando era pequeño, María gritaba: ¡estamos llegando, estamos llegando! Mis hermanas nos esperaban, seguían en la casa con los abuelos y también salieron gritando emocionadas al vernos. En pocos segundos estábamos todos abrazados y llorando, habíamos vuelto. Aquí en la aldea las cosas cambian poco. Los abuelos siguen cultivando la poca tierra que nos ha dado hasta ahora para comer, espero que con mis brazos podamos conseguir mejor cosecha y encontrar la felicidad aquí. Siempre le he echado mucho de menos. Me acuerdo de sus palabras cuando me fui al instituto: “sé tú mismo y cuando puedas no pierdas la oportunidad de ayudar a los demás”.

Un abrazo muy grande D. M.
¡Muchos besos! Bryan

Miguel Rosa
@miguel__rosa

martes, 12 de enero de 2016

El abrazo de Sherezade

Tengo una especie de secreto personal que ahora comparto.

Cuando comenzó la guerra en Siria acababa de estar, recientemente, en ese país cargado de historia, casi leyenda. Compré en una tiendita un jabón de Alepo, famoso por su receta artesanal de más de 2.000 años. Me prometí estrenarlo cuando todo esto terminara, como celebración. Aún sigue en el cajón. Mucho más tiempo del que yo esperaba y verlo me produce dolor.

Sé que esto que comparto es una banalidad, pero cuando la realidad de sobrepasa y te faltan las palabras, pueden aparecer hasta las supersticiones.

Pero es verdad que “ver” las cosas, las hace cercanas, te las vuelve presentes, por eso el proyecto Maestros con los niños de Siria quiere “ver” y no guardar en el cajón del recuerdo la imagen de Aylan y tantos otros niños.

Me gustaría, cual Sherezade, que cuando alguien consiga salvar a alguno de estos niños, lo abrazara y le contara un cuento de Las Mil y una Noches, que le recordara su tierra en paz, que no terminara nunca, que lo alejara de la terrible verdad que los rodea.

Y a los niños de aquí, a los nuestros, les contaría este otro cuento:

Érase una vez, una familia de ardillas que vivía en el bosque. Al llegar el invierno, los papás ardillas estaban muy contentos porque tenían todo listo para pasar el invierno, mucha comida y ramas para sus hijos. Pero una noche, Papá Ardilla escuchó un fuerte ruido. Se asomó a su hueco del árbol y vio que el bosque estaba amenazado por una gran máquina que talaba todos los árboles dejando sin casa al resto de animales, que corrían aterrados tratando de salvar a sus hijitos.

Papá Ardilla cerró la puerta, no quería que sus hijos se asustaran. Pero el ruido era tan grande que Mamá Ardilla le preguntó:
-    ¿Qué pasa afuera? 
   No te preocupes, sigue durmiendo. Nuestro árbol es el más grande y fuerte del bosque y no va a         pasarnos nada.

Pero Mamá Ardilla no podía quedarse tranquila sabiendo que sus vecinos tenían dificultades y le dijo:
-    Debemos ayudar a nuestros vecinos. Tenemos espacio y comida para compartir con los que más lo    necesitan ¿Para qué vamos a guardar tanto, mientras ellos pierden a sus familias por no tener nada?

Papá Ardilla miró a sus retoños durmiendo calentitos y corrió a ayudarles. Al momento, el inmenso roble estaba lleno de animalitos felices de refugiarse en él. El calor de todos hizo que se derritiera la nieve acumulada en las ramas y se llenara de flores, ¡primavera en mitad del invierno! Y todos, durmieron abrazados esperando la llegada del buen tiempo.

Abracemos a los niños sirios, como si fueran propios. Tal como me gustaría que hubiera unos brazos lejanos para abrazar a mis hijos, si fuera el caso.

Elena Rodríguez @iElenaR